El primer salto de la valla en 2015.

09.01.2015

Estamos esperando a las puertas de CETI de Melilla, junto a la carretera que lo separa del lujoso campo de golf y de valla fronteriza. La gente entra y sale tras pasar la tarjeta por los tronos de la puerta principal. Otros hacen cola en la garita para tramitar su ingreso. Los trabajadores de la empresa de seguridad subcontratada controlan que nadie que no esté autorizado pueda entrar. De vez en cuando se abre la verja grande para que entre algún trabajador o algún repartidor con su furgoneta.  En los alrededores del CETI hay familias o pequeños grupos de muchachos, sentados, charlando, ojeando algunos de los puestecillos que venden pan o bollos. Otros observan como se están instalando cuatro tiendas militares cercadas por una valla de obra, en el parking exterior del CETI. "Parece que se preparan para mucha más gente" dice uno de los que miran.


De repente, comienza un revuelo. Un par de chicos africanos corren de la puerta hacia la carretera principal. Hacia ellos llegan corriendo unos cuatro muchachos, africanos también, pero escasos de ropa, descalzos. Comienzan a abrazarse al grito de "Bossa, bossa!". De un salto, pasan el torno de la entrada y continúan la celebración en su recorrido hasta la cancha que hay en el CETI, donde les aguardan sus amigos que ya habitan en el CETI. A de pocos minutos llegan otros dos, como si de la llegada de una maratón se tratara. Siguiendo el mismo ritual de recepción. Así hasta catorce. Es el primer salto del 2015. No será el último.